Un arco chino derribado en la entrada del Canal
Un monumento chino ubicado cerca de la entrada del Canal de Panamá fue demolido la noche de un sábado por orden de la alcaldía del distrito de Arraiján, desatando una fuerte polémica nacional e internacional. La estructura, un paifang o arco tradicional construido en 2004 como símbolo de la amistad entre Panamá y China, se levantaba en el Mirador del Puente de las Américas, uno de los puntos más emblemáticos de la vía interoceánica.
La municipalidad justificó la demolición alegando “daños estructurales” y un supuesto riesgo para los visitantes, argumentos que fueron ampliamente cuestionados por el gobierno central y por representantes de la comunidad chino‑panameña. El hecho se ejecutó de noche con maquinaria pesada, lo que alimentó críticas sobre la falta de transparencia y de diálogo previo.
Reacción del gobierno panameño: “barbaridad imperdonable”
El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, calificó la demolición del monumento como una “barbaridad” y un “acto de irracionalidad imperdonable”, asegurando que no había justificación técnica suficiente para destruir la obra. El mandatario ordenó la inmediata restauración del monumento “en su mismo lugar”, en coordinación con la comunidad china, y dispuso la apertura de una investigación formal para determinar responsabilidades dentro de la alcaldía de Arraiján.
Mulino subrayó que el monumento no solo tenía valor estético, sino también histórico y cultural, al rendir homenaje a una comunidad con más de 170 años de presencia en el país. La decisión local fue descrita por figuras políticas y exmandatarios como un gesto “bochornoso e indigno” hacia los aportes de la comunidad china a Panamá.
Pekín habla de “demolición forzada” y protesta oficialmente
El Ministerio de Relaciones Exteriores de China manifestó su “seria insatisfacción” por lo que describió como una “demolición forzada” del monumento, realizada por autoridades locales panameñas. El portavoz Lin Jian afirmó que el acto “dañó gravemente los sentimientos del gran número de chinos de ultramar” y contradice el marco general de las relaciones amistosas entre ambos países.
Pekín confirmó que presentó “firmes protestas” ante el gobierno de Panamá y exigió una investigación exhaustiva, así como sanciones para los responsables de una acción que calificó de “ilegal, irregular y vandálica”. La embajada china en Panamá reiteró este mensaje en un comunicado publicado en la red X, pidiendo restituir el monumento y reparar el daño simbólico causado.
Dolor en la comunidad chino‑panameña
La embajadora de China en Panamá, Xu Xueyuan, visitó personalmente el lugar tras la demolición y describió el día como “ensombrecido” para los 300.000 chino‑panameños y de “gran dolor” para la amistad bilateral. Señaló que el monumento no era “solo piedra”, sino un testimonio del sacrificio de miles de trabajadores chinos que participaron en la construcción del ferrocarril transístmico y, posteriormente, del Canal de Panamá.
Organizaciones de la comunidad china denunciaron que habían intentado en múltiples ocasiones comunicarse con la alcaldía de Arraiján para proponer la reparación y mantenimiento del monumento, sin recibir respuesta. Tras el derribo, asociaciones y ciudadanos de origen chino convocaron protestas y pidieron una investigación formal sobre la forma en que se procedió a demoler la estructura.
Un gesto local en medio de la tensión entre Washington y Pekín
El episodio ocurre en un momento de fuerte tensión geopolítica en torno al Canal de Panamá, donde Estados Unidos ha expresado preocupación por la presencia de empresas chinas en infraestructura estratégica. El presidente estadounidense Donald Trump ha llegado a afirmar que la vía está “bajo influencia de Pekín”, señalando especialmente a la compañía hongkonesa Hutchison Holdings, que opera terminales portuarias en ambos extremos del canal.
Analistas apuntan que la demolición del monumento, aunque decidida por una autoridad local, se interpreta en clave simbólica como parte de la disputa de influencia entre Washington y Pekín en la región. La rápida reacción del gobierno panameño, ordenando restaurar la obra y marcando distancia de la decisión municipal, busca contener el impacto diplomático y preservar un delicado equilibrio entre sus vínculos con China y su relación histórica con Estados Unidos.

