Rusia admite que no cumplió sus objetivos iniciales
Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, admitió que la “operación militar especial” no ha alcanzado “en su totalidad” los objetivos fijados por Moscú cuando las tropas cruzaron la frontera ucraniana el 24 de febrero de 2022. La declaración marca uno de los reconocimientos más claros por parte del régimen de que la campaña relámpago que pretendía un cambio rápido en Kiev fracasó.
Peskov sostuvo que, aun así, Rusia sí habría cumplido el que considera su objetivo principal: garantizar la seguridad de la población prorrusa en el este de Ucrania, a la que el Kremlin afirma haber “protegido” del supuesto peligro mortal que representaba el gobierno de Volodímir Zelensky. En paralelo, insistió en que la “operación” se transformó en un enfrentamiento más amplio con Occidente, al que acusa de querer “aplastar” a Rusia mediante sanciones, apoyo militar a Kiev y presión diplomática.
Un conflicto estancado y convertido en guerra de desgaste
Cuatro años después del inicio de la invasión, la línea de frente se ha estabilizado y el conflicto se ha transformado en una guerra de desgaste, con avances mínimos sobre el terreno y un costo humano sin precedentes recientes en Europa. Informes citados por Infobae señalan que Rusia habría sufrido hasta 1,2 millones de bajas entre febrero de 2022 y diciembre de 2025, incluidos hasta 325.000 soldados muertos, lo que representaría la mayor sangría militar de una gran potencia desde la Segunda Guerra Mundial.
Ucrania tampoco ha salido indemne: estimaciones del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) apuntan a entre 500.000 y 600.000 bajas militares ucranianas, con hasta 140.000 muertos. Aunque ninguna de las partes ofrece cifras actualizadas y verificables, el presidente Zelensky reconoció públicamente la muerte de 55.000 soldados ucranianos, además de un número indeterminado de desaparecidos.
En el terreno, las fuerzas rusas no han logrado el control integral de las regiones ucranianas que Moscú proclamó anexadas en 2022. Kiev mantiene más de una quinta parte de Donetsk, así como alrededor de un tercio de Kherson y Zaporizhzhia, donde los combates siguen siendo intensos y la población civil continúa sometida a bombardeos, cortes de energía y desplazamientos forzados.
El Kremlin culpa a Occidente y mantiene el discurso de la “seguridad”
Peskov lamentó que la guerra haya derivado, según su versión, en un conflicto directo entre Rusia y los países occidentales, a los que acusa de interferir y prolongar las hostilidades. Sostiene que Estados Unidos y Europa persiguen el objetivo estratégico de debilitar a Rusia, mientras Moscú asegura que sus acciones buscan preservar su seguridad y la de las regiones ocupadas.
El Kremlin afirma que sigue abierto a alcanzar sus objetivos por vía político-diplomática, pero condiciona cualquier negociación al reconocimiento de sus “intereses” y a las decisiones del “régimen de Kiev”. Peskov aseguró que la esperanza de una solución negociada “nunca ha abandonado” a Moscú, pese al fracaso de las conversaciones de 2022 y al estancamiento actual de las rondas con mediación internacional.
Un país transformado por la guerra y una sociedad cansada
Según el portavoz, la sociedad rusa ha experimentado “cambios fenomenales” durante estos cuatro años, con una supuesta consolidación en torno a Putin y un aumento de la cohesión nacional frente a las presiones externas. Sin embargo, medios independientes citados por Infobae reportan un creciente cansancio social, con una mayoría de ciudadanos que desearía un alto el fuego y el fin de la movilización permanente.
La guerra ha dejado huellas profundas en la economía, la demografía y el tejido social ruso, mientras Ucrania enfrenta ciudades devastadas, infraestructuras críticas atacadas y un enorme desafío de reconstrucción estimado en cientos de miles de millones de dólares en la próxima década. El conflicto, el más sangriento en Europa desde 1945, ha reconfigurado el sistema de seguridad internacional y ha devuelto la lógica de bloques y confrontación geopolítica al continente.
Pese a las cifras de bajas y al reconocimiento de que no logró sus principales objetivos, el mensaje que sale del Kremlin es claro: Rusia quiere más y se prepara para una guerra larga, en la que apuesta a su capacidad de resistencia y a las fisuras políticas en Occidente. La incógnita es cuánto tiempo podrán sostenerlo Moscú, Kiev y sus aliados sin que el desgaste rompa el frágil equilibrio actual.
Fuente: Infobae, “Putin quiere más: Rusia admitió que no logró los principales objetivos de la invasión a Ucrania y que la guerra continuará”.

