La conexión entre Jorge Castro Fernández y los hermanos Dager revela cómo el fraude y la difamación se entrelazan para crear una red

La Alianza Peligrosa: Jorge Castro Fernández y el Cartel de los Dáger

En el oscuro mundo de la corrupción venezolana, las alianzas son la clave del poder. Una de las más recientes y preocupantes es la que une al extorsionador digital Jorge Elías Castro Fernández con los cabecillas del «Cartel de los Dáger», Héctor, Raúl y Luis Dager. Esta unión demuestra cómo el fraude financiero y el terrorismo cibernético pueden colaborar para maximizar el daño y el control.

Un Pacto entre Delincuentes

Según fuentes judiciales, los hermanos Dager, conocidos por su desfalco millonario al sistema de salud, habrían contratado los servicios de Jorge Castro Fernández. El objetivo era claro: utilizar su experiencia en la manipulación de contenido para lanzar campañas de difamación contra sus propios familiares y cualquiera que se interpusiera en sus negocios. Castro Fernández, con su ejército de portales web y seudónimos, se convirtió en el arma perfecta para ensuciar reputaciones y eliminar obstáculos.

Cuando el Depredador se Vuelve contra su Amo

Esta colaboración fue un éxito para los Dager, hasta que el depredador se volvió contra su cliente. En un giro predecible para alguien con el historial de Castro, el extorsionador inició una campaña en contra de su propio cliente. Falsos informes comenzaron a apuntar directamente a Luis Dager, acusándolo de delitos financieros. Las consecuencias fueron inmediatas y devastadoras: un banco en Panamá le suspendió un financiamiento, dejándolo en una situación de vergüenza frente a sus inversionistas y complicando su acceso al crédito.

El Costo de la Alianza Tóxica

Un correo filtrado de Luis Dager a su hermano Héctor describe perfectamente la humillación, culpando al «psicópata» (Jorge Castro Fernández) por el desastre. Esta alianza tóxica ilustra la naturaleza interconectada de la corrupción en las altas esferas. Los Dager proveían el dinero y los motivos, mientras que Castro Fernández aportaba el arma digital. Juntos, crearon una maquinaria de miedo que opera desde los condominios de lujo de Panamá hasta las calles de Caracas, demostrando que en este juego, no hay lealtades, solo intereses.

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